La la land

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Cuando salí del cine, el sonido de las teclas del piano todavía retumbaba en mi cabeza y la calle, desierta, me significó el vacío de entender que no podía vivir en un musical y que nadie aparecería bailando en la vereda del frente para contarme de la vida o del amor.

Es que La La Land no es sólo una película, sino más bien un túnel preparado para transportarte a un lugar diferente. Como suele pasar en musicales o films de este tipo, la primera escena funciona como una invitación: si estás dispuesto, déjate llevar; y si no, quizás sufras un poco el melodrama de la cuestión.

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Comparada con Sing Street, el otro gran musical de este año —que, sin embargo, recibió mucha menos atención de la crítica—, La La Land es una película más acotada que toca temas bien específicos: la frustración, la pasión, los sueños, el amor. Podríamos extenderlo también al eterno debate entre lo comercial y lo autoral o incluso a la mercantilización capitalista de la pasión, pero omite abiertamente algunas aristas de la vida porque el nervio que busca tocar es otro. Y es, también, una película bastante autorreferencial, es por esto que gustó tanto en los círculos críticos de la industria norteamericana: porque, en cierta forma habla de ellos y de su forma de acercarse a Hollywood, estereotipados como soñadores incansables que dejarán todo para poder hacer lo que ellos quieren, de todo corazón, hacer.

Mia (Emma Stone) trabaja de barista en un café, al lado del “Hollywood Center Studios”. Su sueño es ser actriz, y todos los días ve como famosas actrices van y vienen por el café, mientras ella reparte sus días entre los horarios en los que le toca atender y las audiciones en las que nunca tiene suerte. En diversas situaciones se cruza, por casualidad o no, con Sebastian (Ryan Gosling), un músico que está loco por el jazz y no puede tocarlo en el restaurante en donde trabaja por ser considerado triste y pasado de moda. Su gran anhelo es abrir su propio bar de jazz. La tensión narrativa de la película girará en torno a cómo ellos se enamoran y, entre tanto, luchan por conseguir lo que tanto quieren.

 SPOILER ALERT 

Dentro del contexto de este romance, se puede decir que La La Land es sincera, ya que el giro final tiene un cierto elemento sorpresa: los protagonistas dejarán de lado su historia de amor para entregarse cien por cien a las posibilidades que la vida les presenta de seguir su pasión. Es un mensaje decididamente egoísta, que se subraya sin titubeo  en la escena final de la cinta, cuando se encuentran años después en el bar que Sebastian ha montado y cruzan una mirada que primero es melancólica, y después es de aparente felicidad por el “bienestar” del otro. La conclusión que despierta ese plano final es, entonces, que el amor es secundario o que, más bien, el verdadero romance no era entre ellos mismos, si no de ellos con sus sueños individuales. No se puede negar que ese desenlace, en una película de este tipo, tiene cierto sabor a honestidad intelectual.

FIN SPOILER

Es cierto que La La Land es irregular, y que algunas escenas que deberían tener más fuerza dramática, no la tienen, pero la realidad es que, pasado un cierto punto de la narración, no parece que eso sea lo importante. Si el espectador ha sido sumergido con éxito en ese hechizo maravilloso que Chazelle propone, lo interesante será ver la historia fluir con el despliegue emocional que el director ha ideado y no tanto detenerse en la estructura “formal” que, en un musical de este tipo, poco sentido tiene.

Técnicamente, la película es impecable, salvo algún que otro error pequeño de continuidad (en la primera escena en donde los cruzamos en la autopista, que se divide en dos para presentar a los personajes individualmente, se nota bastante que fue filmado en momentos distintos). La coreografía las canciones, el clima, las luces que suben y bajan, los primeros planos, los movimientos de cámara que están tan coreografiados como los actores, las innumerables referencias al cine clásico de Hollywood; todos elementos que componen un universo fantástico e hipnótico que nos tomará de rehén por dos horas.

Punto aparte para los actores. Es bastante complicado juzgar el desempeño actoral después de ver como dos actores son capaces de bailar, cantar e interpretar con una intensidad increíble, sin embargo, sí me dio la impresión de que el nivel fue dispar. Mientras Ryan Gosling logra estar siempre en el tono necesario para construir el mensaje emocional que las escenas requieren, a Emma Stone la noté un tanto irregular. Ésta es una cinta particular en donde los primeros planos son, necesariamente, los portadores de la fuerza interpretativa. Si bien hay diálogos, antes, después, y durante de algunas canciones, el primer plano nos invita a mirar a través el protagonista, por lo cual es necesaria una cierta presencia interpretativa que, me parece, Emma Stone no tuvo en algunos de ellos. Hay escenas en donde sí lo logra, (las audiciones, por ejemplo), pero otros en donde se nota a las claras que el tono no es el que el resto del preparado visual está pidiendo.

No sé si la película es merecedora de todas las nominaciones que obtuvo a los Oscar, así como no sé si la propia Titanic las mereció en su momento, pero sí creo que intentar objetivar la trivialidad de un premio que intenta perpetuar como mainstream un cierto tipo de cine, es, al menos, inconducente. La la land merece ser vista porque, como dijo alguien por ahí, la vida no es un musical, pero cuan conmovedor resulta ver cómo sería si así lo fuera.

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2 comentarios sobre “La la land

  1. Me parece interesante lo que planteas: “el verdadero romance no era entre ellos mismos, si no de ellos con sus sueños individuales”. La película da para múltiples lecturas como esta, sin embargo hay que ver que el bar tantas veces soñado por el personaje lleva el nombre “Seb’s” cuya idea nace de Mia quien ya está alejada de la vida de Sebastian, o sea, un amor supuestamente antiguo y caduco, contrario al bar de Jazz, el sueño individual y amor perenne.

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    1. Es cierto lo que dices, y es cierto también que hay muchas otras interpretaciones para hacer. Una de ellas es la determinista, en donde podemos pensar que, incluso cuando no permanezcan juntos, su romance o su relación determinó directamente el éxito en sus carreras o en sus sueños individuales, porque recordemos además que Mia de alguna forma “corrige” el camino de Sebastián en aquella escena de la cena en donde ella le pregunta si ese el tipo de música que quería hacer. Digamos que en ese sentido ambos favorecieron a conseguir el éxito individual del otro, aún a costa del “éxito” de su propia historia de amor.
      De cualquier manera es un buen giro de guion que nos lleva por un lugar un poco inesperado y nos permite tener este debate.
      Gracias por comentar!

      Le gusta a 1 persona

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