John Wick 2 [2017]

A finales de los noventa, en el set de Matrix, Chad Stahelski hacía por primera vez de doble de riesgo de Keanu Reeves, sin imaginar lo que vendría después. No existía ninguna razón para creer que 16 años más tarde tendría la posibilidad de dirigir al propio Keanu por primera vez, ni mucho menos podría haber anticipado que John Wick, esa película de acción ultra violenta que significaba su primera incursión en la dirección, iba funcionar tan bien en salas como para asegurar una segunda parte (y hasta una tercera, que ya fue anunciada).

El secreto de la primera John Wick, es muy sencillo: un guion pulido sumado a un sólido apego a las reglas del género y a una estética con gran personalidad. Una combinación infalible. Si a esto le agregamos el efecto sorpresa de descubrir, lentamente, que el héroe de la cinta es el hombre al que toda la mafia teme, la efectividad del resultado es inmediata.

Pero… ¿Qué pasa si eliminamos de esta fórmula el factor sorpresa y, cuando nos sentamos a verla, nos encontramos con una lisa y llana historia de acción, no muy diferente a otras? Este es el mayor de los males de la nueva entrega de John Wick: todo aquello que destacaba por novedoso y original en la primera ya lo conocemos, y el nuevo capítulo de la historia, no ofrece nada en su reemplazo.

Para ser claros, podríamos recordar el comienzo de la primera entrega de la franquicia, en donde hay un interesante set up en cuanto a la solitaria vida del ex asesino a sueldo, un rápido repaso por el estado emocional de las cosas y el disparador que inaugura el segundo acto, y que funciona en dos niveles: como movimiento de guion y, además, como aporte a la construcción del personaje. Es decir, la muerte de su perro a manos de un grupo de matones con los cuales no tiene relación desencadena una paciente revelación —a fuerza de susurros y llamadas telefónicas entre mafiosos—  en donde conocemos quién es John Wick, y entendemos también lo novedoso de que, esta vez, el protagonista con el cual hemos sido empujados a empatizar, es la persona de la cual los peores mafiosos se esconden. En John Wick: Capítulo 2, en cambio, el primer giro de guion es bastante trivial: el protagonista recibirá la visita de un mafioso italiano, hay una promesa que debe honrar y por la cual se verá obligado a cumplir con un último encargo, a pesar de sus deseos de retirarse. En este caso, el poderoso Wick, será susceptible a ser extorsionado.

Este tipo de licencias serán recurrentes a lo largo de la película.

Más allá de tener un guion menos interesante que la primera, ésta es una película de género y sí que sabe moverse dentro del mismo. Las secuencias de acción pura son totalmente satisfactorias y se presentan muy logradas, sobre todo una en particular que propone unos largos minutos de violencia, en donde el protagonista despacha enemigos como si estuviera en un video juego.

La puesta en escena sigue la línea que la primera perseguía y logra combinar una muy personal propuesta cromática y de iluminación, con una composición de planos estándar pero correcta, logrando una imagen por momentos surreal que aporta mucho al tono de la narración y, especialmente, a las secuencias de pura acción.

Keanu Reeves, por su parte, es el de siempre. Este es uno de esos papeles que le quedan como anillo al dedo y, si bien no hay momentos en donde su participación sobresalga por algún motivo particular, él tiene una capacidad gesticular que hace que este tipo de personajes, en principio irreales o demasiado estereotipados, se vuelvan, no diría verosímiles, pero, al menos, más fáciles de aceptar.

Los amantes del género van a disfrutar de esta nueva entrega de John Wick, que tiene todos los condimentos que una buena película de acción tiene que tener. Aquellos que esperaban un poco más de ella, o que se habían sorprendido con la novedosa historia de la primera, quizás tengan que bajar un poco las expectativas antes de sentarse a verla.

Anuncios

Split [2017]

Desde el formidable éxito de Sexto Sentido en 1999, que le permitió ganarse un lugar dentro de la industria, Shyamalan no ha dejado de hacer películas. Con un espacio de dos y tres años entre cada una de ellas, ha logrado construir un tipo de cine que se asocia con su nombre, después de títulos como “Señales”, “La Aldea” y “El protegido”.

No obstante, daba la impresión de que, en sus más recientes films, Shyamalan no lograba re-encontrarse con ese estilo tan particular y personal que supo llevarlo a lo más alto del box office y la valoración de la crítica. Claro ejemplo resulta “La visita”, película que estrenó inmediatamente antes de Split y que refleja una desesperada intención por volver a las raíces con un puñado de buenos recursos técnicos, pero un guion efectista y pobremente explotado.

En este contexto aparece Split, su última apuesta dentro de un género que, casi podríamos decir, él mismo ha inventado; y, esta vez, la película tiene un despliegue dramático mucho más logrado y parecido a lo que fueron sus mejores cintas. Tal es así, que el director logra incluso dar a la historia un marco general dentro de su propia obra, haciéndola formar parte de un relato más grande que tiene la forma de una trilogía que aún no ha terminado.

Split relata el secuestro de Casey Cooke (Anya Taylor-Joy) junto a sus dos amigas, a manos de Dennis (James McAvoy), un hombre que sufre del ultra explotado trastorno de personalidad múltiple. Entonces, la premisa fundamental del film, nos obliga a analizar la interpretación de los actores, antes que la narración en sí misma. De hecho, es improbable que después de haber leído en la sinopsis que la cinta cuenta la historia de un hombre con 23 personalidades, el ojo crítico humano no se detenga inmediatamente a estudiar a detalle el desempeño del actor principal. La pregunta más lógica que se suscita luego de ver el film, antes incluso que el análisis de la estructura general, sería: ¿es creíble McAvoy? Porque, de otra forma, nada de lo que se presenta como cierto, tendrá ningún sentido. La totalidad del relato se sostiene sobre la versatilidad del escocés que, en este caso, despliega un trabajo sólido y convincente, encarnando individualidades muy diferentes entre sí. Además de su amplia capacidad dramática, el trabajo de McAvoy es acompañado por una paciente presentación de cada una de las personalidades más importantes, desde el guion, lo cual predispone al espectador a aceptar con mayor facilidad lo que se presenta ante sus ojos, por sentirse orgánico y natural. Es por eso que el desenlace del conflicto principal funciona: el público ha sido debidamente preparado para ello. Ahí reside una de las mejores virtudes del director/escritor, que se mueve en ese juego de manipulación, con real destreza.

Pero no es sólo el escocés el que entrega una buena actuación, sino también la coprotagonista Anya Taylor-Joy, a quien ya se pudo ver realizando un inmenso trabajo interpretativo en The VVitch, hace algunos años. Esta vez, la joven demuestra todo su potencial en roles de este estilo, y expone en pantalla la soltura con la que puede soportar algunos primeros planos que, en el cine de Shyamalan, suelen ser poco ortodoxos.

Otro de los componentes claves —y que más se extrañaban—, del cine del indio, es la atmosfera, algo que retoma en Split con maestría. Es allí, y no necesariamente en el plot “sobrenatural”, en donde se puede apreciar la marca del director, capaz de convertir algo que podría ser un thriller convencional, en algo mucho más amplio, que roza otros géneros y hace uso de un suspenso del fuera campo, único.

Se puede decir, entonces, que esta nueva película resume los mejores trabajos del director, y entrega una historia vibrante que no da respiro, en donde la mayor parte del tiempo el espectador estará, primero, preguntándose qué es lo que sucederá  a continuación y, después, si hay algún destino en donde sus protagonistas sean capaces de salir en pie.

 

 

Contratiempo [2016]

Contratiempo, la última película que dirigió el español Oriol Paulo, es muy parecida a una Mamushka, la famosa muñeca rusa. Capa sobre capa, construye un thriller entretenido y de buen ritmo, repleta de giros de guion e inteligentes engaños. La pregunta es: ¿Alcanza todo esto para hacer una buena película?

Ni bien comienza, la cinta denota el aura de misterio que la caracterizará: una mujer (Ana Wagener) está subiendo por el ascensor de un edificio muy costoso, para encontrarse con un hombre que habita en el último piso. Este hombre (Mario Casas) es Adrián Doria, un prestigioso y adinerado empresario, a quien se lo acusa de cometer un crimen. La mujer (Virginia Goodman), es una reconocida abogada que llega allí para ayudar a Adrián a encontrar una versión de su testimonio capaz de convencer al jurado. De otra forma, Doria irá, inevitablemente, a la cárcel.

Así planteadas las cosas, el guion del film desplegará el relato de Adrián y las conjeturas de la abogada, flashback sobre flashback, poniendo al espectador en un permanente estado de alerta y extrema atención, ante la certeza de que la historia que es puesta ante sus ojos, no siempre será de fiar.

Como es de esperarse en cintas como ésta, el guion es el elemento del film que se necesita más sólido. Y en este caso, en una buena medida, lo es: se nota el exhaustivo trabajo de dar sentido y orden a las piezas del rompecabezas, los giros de guion son (en general) verosímiles y aparecen (gran parte de ellos, al menos) en los momentos en los que la historia los necesita. El punto negativo, sin embargo, es que, en el tramo final, cuando se acerque el clímax que resolverá el conflicto principal, el espectador estará tan acostumbrado a la cadencia del film, que el plot twist no será ninguna sorpresa y, no sólo eso, sino que, luego de algunas pistas inequívocas y discutiblemente explícitas, el público atento logrará predecir, sino el final a todo detalle, una buena parte de él. Es decir, en el fondo, Contratiempo parece no poder escapar a algunos de los vicios propios de su género, pero es el riesgo que asume desde el minuto uno y, del cual sale bastante bien parada.

En la interpretación del metraje y la forma en la cual los actores se despliegan por el escenario cinematográfico, aparece el segundo punto negativo. El problema es el de siempre: cuando el público percibe al actor y no al personaje, la ficción se vuelve inverosímil y el implícito pacto espectador-autor, se rompe. Esto pasa en Contratiempo, en ciertos momentos por responsabilidad de los propios actores, cuya dicción o forma de entregar algunos diálogos suena aparatosa y artificial, pero en muchos otros casos, sucede por culpa de las líneas que se ven obligados a decir, las cuales no representan la forma en la que las personas hablan en la vida real.

No obstante, visualmente, el film se muestra maduro, y los cortes entre escena y escena, acompañan el ritmo que el guion demanda. Si bien hay ciertos recursos técnicos que se usan más veces de las necesarias (slow motion, cámaras subjetivas, estética de publicidad), la película es disfrutable en su cinematografía y con una elección cromática acorde a la atmosfera homogénea que el relato persigue.

A modo de conclusión, es necesario notar que Contratiempo es una película víctima de sus excesos, tanto en la estructura narrativa de la historia, como en la búsqueda del énfasis y las líneas memorables, o los recursos visuales puestos en práctica para contar partes sensibles del relato. Esto no impide que el film sea entretenido y llevadero, aun cuando, una vez terminado, es probable que poco quede de él, en nuestra memoria.

The Invitation [2015]

Antes de ver la película, lo que más me llamó la atención no fue el plot principal, sino una cita del Film School Rejects, que —ahora entiendo— la resume a la perfección: “Un balance casi perfecto entre suspenso y paranoia”.

La premisa de The Invitation (disponible en Netflix) no es nueva: un grupo de amigos se reúne para cenar, después de muchos años de no verse, y toda la acción se desarrollará en la casa en donde se congregan. El desenlace del conflicto principal y los giros argumentales, tampoco son novedosos, pero lo que destaca en este caso, es el excelso dominio de la técnica narrativa para contar la historia. De principio a fin, el espectador será manipulado sin tregua, y experimentará la feroz desconfianza de Will (Logan Marshall-Green), cuyo pasado y motivaciones, serán desplegados con suma paciencia, y entregados en dosis meticulosamente proporcionadas.

En cualquier thriller que pretenda usar el suspenso como recurso primordial, hay un elemento narrativo que se vuelve indispensable y del cual depende que el relato funcione o no: el punto de vista. Y si hay algo que la directora Karyn Kusama entiende cómo usar, es el punto de vista. A través de Will, director y guionistas, deciden qué información revelar y qué información ocultar, pero lo importante es que esto sucede con total naturalidad dentro de ese universo ficcional, y no como aparatosas excusas para hacer avanzar la narración. En este sentido, la cinta se mueve con gran soltura y convicción, arrastrándonos en su doble juego de paranoia y tensión.

Otra de las cosas que la película hace realmente bien, es respetar a raja tabla el implícito pacto que, la misma cinta, obliga al espectador a aceptar en la introducción. Esto no pasa tan seguido como debería, y sucede con frecuencia que, lo que había empezado como un thriller de suspenso acaba por convertirse en un slasher film, o (en el peor de los casos), en un trillado metraje de acción. The invitation, en cambio, ha decidido desde el principio que tipo de película quiere ser, y lo respeta hasta el último minuto, en donde el desenlace demuestra la gran madurez del guion.

Desde el punto de vista visual, la elección de los planos es estéticamente interesante y ponen de manifiesto la personalidad a la que la cinta aspira, sobre todo en algunas elipsis espaciales, o ciertas transiciones que podrían haber funcionado con planos básicos, como por ejemplo cuando el grupo sube, en masa, las escaleras para pasar por primera vez al comedor. Todas las decisiones de cámara, ya sea en angulación o en tipo de plano, encajan armónicamente en la construcción de la atmosfera que la historia necesita, sin ostentar la pretensión de otras películas de estas características. Aquí todo juega, de manera exclusiva, en favor del relato. No distrae, sino que más bien complementa.

Lo mismo se puede decir del sonido, austero pero efectivo, que no requiere de exuberantes despliegues técnicos, sino, tan solo, de acompañar la ambientación que, narración y planos, ya están edificando. Y así lo hace.

El último de los factores que permite a esta película independiente funcionar como un buen ejercicio de suspenso, es la correcta interpretación de los actores. Si bien John Carroll Lynch y Michiel Huisman sobresalen, en general, todos aportan verosimilitud y se ciñen a los perfiles que representan, enriqueciendo la atmósfera y cargándola del realismo que necesita.


En definitiva, The Invitation es uno de esos raros ejemplos de película independiente con amplio dominio del lenguaje cinematográfico. Para los amantes del género, es una oportunidad interesante de disfrutar de una cinta capaz de ir a las fuentes del suspenso sin desilusionar en su conclusión; y para los que no, será una buena excusa para acercarse a una cruda demostración de éste.

Hay que verla.

Ya no me siento a gusto en este mundo

3-stars-transparente

I don’t  feel at home in this world anymore, también conocida como Ya no me siento a gusto en este mundo —disponible en Netflix desde hace unos días, luego de ganar el premio del jurado en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance—, es la primera película que dirige el actor Macon Blair, quién, por cierto, tiene una pequeña pero muy graciosa participación.

Protagonizada por Melanie Lynskey y por Elijah Wood, la película se presenta como una especie de comedia negra, que salpica por momentos otros géneros (como el policial y el thriller) a lo largo de su hora y media de duración, con bastante soltura y solvencia.

Ruth (Lynskey) es una mujer depresiva y apática que transita la solitaria rutina de su vida con desdén y desgano, encontrando poco para hacer con su tiempo libre más que tomar una cerveza o leer un libro. Parece haberse resignado hace ya tiempo a la injusticia del mundo y sufre una reprimida aversión por las personas que lo integran. Todo cambia cuando su universo cotidiano se ve sacudido una tarde en la que llega a su casa del trabajo y descubre que alguien ha entrado y se ha robado su computadora y las joyas de su abuela. Esto dará un nuevo sentido a la existencia de Ruth, y encontrará en la obsesiva persecución de los responsables, la única y definitiva forma de cambiar el mundo. O al menos su mundo.

Se unirá a ella en esta difícil travesía su vecino Tony (Elijah Wood), un hombre, por lo menos, bastante poco ordinario. Católico practicante y amante de la cultura ninja, cargará el nunchaku, la estrella ninja, y pondrá toda su capacidad marcial y su inquebrantable sistema moral, al servicio de Ruth. Juntos, desenredarán el ovillo de la trama e intentarán resolver el misterio, cruzándose en el camino con una banda de criminales muy particular.

Lo mejor de la película y, sin dudas, lo que más trabajo parece tener por detrás, es la tremenda construcción de personajes lograda. Algunos de ellos, aun estando no más de dos minutos en pantalla, se sienten reales y complejos. Otros son tan torpes y caricaturizados, que incluso eso, los hace verosímiles porque dan la impresión de encajar y complementarse perfectamente con el contexto creado por la historia.

La cinta está bien dirigida, si bien tiene una estética simple y discreta, la composición de los planos es correcta, sin lujos ni grandilocuencias. Por el contrario, va directo al grano y prefiere que nos centremos en el relato más que en su destreza técnica. Lo que sí podríamos notar es que el coloreo de la imagen y la iluminación, si bien adecuada, no disimula el hecho de ser una película independiente, como si quizás lo hacen otras que se preocupan por sugerirnos a través de las tonalidades y los colores lo que está pasando internamente en los personajes. Aun carente de estos detalles, el componente visual es efectivo.

Otro de los elementos en donde la cinta cae, o se vuelve quizás menos sutil y más grotesca, es en el clímax, cuando el conflicto principal se resuelve y todos los cabos sueltos confluyen esbozando una  posible salida. Da la impresión de que en esa escena se abandona levemente la fina cuerda sobre la cual el metraje había caminado, y pierde un poco de vista el eje, que venía siendo su fuerte.

No había tenido la oportunidad de ver en acción a Melanie Lynskey más que en Two and a Half Men, así que fue una buena chance para prestar atención a su interpretación que, considero, está muy bien, acorde al personaje que le toca interpretar que, si bien no requiere grandes despliegues dramáticos, podría haber resultado un poco tosco, lo cual no sucede. Distinto me pasa con Elijah Wood, a quien había visto ya varias veces y siempre me daba la impresión que interpretaba al mismo personaje, sin embargo, aquí, aun a pesar de caer muchas veces en sus gestos más conocidos o en el tono de voz al que nos tiene acostumbrados, a grandes rasgos logra dar vida a un personaje secundario que tiene un perfil relativamente diferente al que usualmente trabaja.

En conclusión, la película es entretenida, está muy bien escrita, discretamente interpretada y filmada, por lo cual merece la misma (o más) distribución que otras tantas películas de industria que tienen características parecidas (aunque la mayoría de las veces ni siquiera están bien escritas), por lo cual el hecho de que Netflix haya comprado sus derechos es una buena noticia para todos. Vale la pena verla.

Don’t Breathe

2-stars-transparente

Me senté a mirar Don’t Breathe con mucha expectativa porque venía con muy buena crítica, porque me gusta el trabajo de Fede Alvarez y porque, además de su obra, lo he escuchado en varias oportunidades y considero que tiene una forma muy interesante de entender el cine. La cinta, sin embargo, terminó por no ser lo que esperaba.

La nueva película del uruguayo, es un intento loable pero infructuoso de contarnos una historia simple, dentro de un género que tiene algunas reglas bastante estrictas como el thriller.  Si bien el director / escritor intenta escapar del cliché en momentos clave, (como la escena inicial, por ejemplo), el desenlace de la trama responderá a patrones que conocemos de sobra.

La sinopsis nos cuenta la historia de tres jóvenes delincuentes que entran a robar a la casa de un ciego, con la intención de hacerse de una buena cantidad de dólares que, presuponen, tiene escondido. Como no podía ser de otra manera, encontrarán que la casa guarda un secreto tenebroso. La primera cosa que no genera ninguna sorpresa son los perfiles de los protagonistas: Money (Daniel Zovatto), el típico criminal irracional dispuesto a todo que no escucha lo que el resto propone y se maneja sin ningún tipo de cautela, regido no por otra cosa más que su propio instinto; luego Alex (Dylan Minnette), el moralista, poseedor de un aparato capaz de desactivar alarmas que ha robado a su padre. Él es quien intentará en todo momento primar por la cautela y evitar cualquier tipo de confrontación; y por último está la joven Rocky (Jane Levy), aparentemente pareja del primero y objeto de amor del segundo. Ella será la fuerza de conflicto entre ellos y entre las decisiones que, a la larga, se verá obligado a tomar Alex, aun cuando contradigan asu propia moral.

El background de los personajes que la introducción construye, no parece ser suficiente para preocupar al espectador por la suerte de los protagonistas. En cambio, los fuerza a entenderlos estereotipados, lo cual predispondrá a adivinar el destino que a cada uno le espera.

Luego tenemos a Stephen Lang como “el ciego” que es, sin embargo, muy particular porque, no parece tener tampoco grandes capacidades auditivas u olfativas, a diferencia de lo que podría suponerse. En varios pasajes de la cinta, los tres delincuentes pasan literalmente al lado del hombre, sin que éste tenga siquiera la más mínima sombra de sospecha. Sólo será capaz de advertir la presencia de los extraños cuando hagan algún ruido muy evidente o cuando el ciego tenga el arma en la mano, con la cual parece tener especial puntería.

dont-breathe

Además de esta incapacidad por sentir empatía con los protagonistas, la casa en la que irrumpen tampoco transmite la sensación de ser el lugar “maldito” que podría haber sido. Digamos que dista mucho de ser el laberinto impenetrable de, salvando toda distancia, Lost Highway, o incluso de la reciente 10 Cloverfield lane. Por el contrario, los espacios que los protagonistas recorren son acotados y es solo la tenue iluminación, la que intenta transferirnos el suspenso de que algo quizás se esconda detrás de la puerta.

Si bien la duración es acotada, (apenas hora y media), la cinta cae en una monotonía de la cual se le hace difícil salir, especialmente cuando los giros y pequeños conflictos de guion se resuelven de maneras sino azarosas, al menos torpes o un poco inconexas.

La fotografía, sin embargo, está muy bien lograda y cada uno de los sectores de la casa logra crear un ambiente totalmente diferente y sugerente, gracias a muy buena iluminación y un gran juego con el color.

Don’t Breathe es una película discreta, que los amantes del género probablemente encuentren entretenida pero que, después de algunas de las grandes demostraciones de los últimos años, pasará rápidamente al olvido. Está correctamente filmada, pero tiene guion chato que no logra despegarse de los lugares comunes. De cualquier manera, me dejará atento al futuro trabajo del director, sobre todo si se acerca a variantes dentro del género.

Elle

4-5-stars-transparente

Cuesta creer que Paul Verhoeven, el director de Robocop, Total Recall o Starship Troopers, sea capaz de ponerse atrás de la cámara de una película como Elle. Sin embargo, el holandés demuestra gran versatilidad al llevar a la pantalla grande la adaptación de la novela “Oh…”, del parisino Philippe Djian. Esto significa, sin duda, un importante relanzamiento de su carrera que, si tenemos suerte, traerá aparejadas más propuestas como estas.

35106_43_elle_stills03_c_sbs_productions_wahl01-600x403

Elle llega a su estreno comercial después de cosechar más de cuarenta galardones en su circuito festivalero, además de su nominación a la palma de Oro de Cannes, y una nominación al Oscar por mejor actriz; premios que hablan por sí solos del gran valor de la película. Cabe destacar, además, que en “La Internacional Cinéfila” que todos los años organiza el crítico Roger Koza (en donde críticos, programadores, directores de festivales y cineastas de diversas naciones eligen cinco películas significativas), Elle fue la película que obtuvo más menciones.

Lo que hace única a esta cinta es una combinación de variables que rara vez conviven tan armónicamente: historia, tono e interpretación. Un relato vibrante y sorprendente, (no sólo por los giros inminentes de guion, sino también por la naturaleza de lo que se cuenta y por la monumental construcción del personaje principal), es la piedra basal del metraje, que se completa con un ambiente perverso, retorcido y siniestro, soportado por toda la fuerza dramática de una gran Isabelle Huppert, actriz a quien este tipo de papeles le sienta muy bien. Pienso, por ejemplo, en La pianiste, de Haneke, película que tiene algunos puntos de contacto con Elle.

La premisa básica de la cinta cambia conforme los minutos pasan, sin embargo, podríamos resumir que, en cuanto el relato comienza, escucharemos sobre el fundido negro inicial, sin imágenes de ninguno tipo, el lamento de Michèle, quién, descubriremos en el acto, será violada por un hombre con una máscara negra que ha irrumpido en su casa. Aquella primera secuencia, orgánica y cruda, disparará en Michèle una reacción inesperada: el desdén casi inmediato por lo que acaba de suceder. En las siguientes escenas introductorias, si bien se la notará afligida, la protagonista se encargará de restar importancia al ataque, como se grafica en el tráiler, en aquella escena en el restaurante en donde ella les cuenta a sus amigos sin demasiada introducción, que “cree” que ha sido violada, que no ha denunciado nada y que, al fin y al cabo, no es tan importante.

elle5

Sin embargo, secretamente, Michèle observará a quienes le rodean, e intentará encontrar al culpable del ataque en busca de venganza, mientras, a la vez, sufrirá el acoso del violador que jugará con ella a con mensajes sugerentes en el teléfono y notas en su casa. Con un importante rol en una compañía de videojuegos, ella jamás dejará de ser la mujer independiente y fría que pretende ser, aun a pesar de que su vida haya sido terriblemente alterada.

Además de Michèle, de una complejidad psicológica intensa, aparecerán otros personajes secundarios importantes y no menos perversos, como su amiga, el esposo de su amiga, su hijo cuya infumable pareja está embarazada, sus vecinos y sus compañeros de trabajo. Con cada uno de ellos, ella tendrá algún conflicto que resolver o alguna tensión dramática que atender y, otro de los aciertos del film, es su capacidad por explotar estos caracteres y sacarles el máximo provecho posible, acordes al relato.

film-elle

Lo curioso será como, a medida que la cinta avance, el espectador tendrá el lugar para jugar también un papel importante en la historia a punto tal que, es imposible que la misma persona que empezó mirando la película sea la misma que la termine. El arco dramático de los personajes, será también trasladado a la participación moral/intelectual del espectador, lo que representa la saludable ambición de una obra que no se anda con medios tintes. El mismo director dijo en diversos medios, que un guion como este, hubiese sido muy difícil de llevar a la práctica en Hollywood.

Elle es, entonces, una película poco convencional, sumamente controversial, perversa y retorcida, con algunos pasajes de comedia negra y otros de gran dramatismo, con una carga sexual transversal a todo el relato, que vale la pena ser vista no sólo por el excelso trabajo de Isabelle Huppert, sino también porque logra reflejar con nitidez el complejo entramado de fuerzas que pueden regir una vida.

Money Monster

1-stars-transparente

Supongo lo único que me llevó a dar play a esta película fue la curiosidad que despertó el hecho de que Jodie Foster sea la directora. A decir verdad, ni siquiera sabía que ya había dirigido alguna otra cosa antes, y ahora que reviso en IMDB, veo que tiene algunos otros créditos, como un capítulo de House of Cards y algunos de “Orange Is the New Black”.
Lamentablemente, Money Monster es una película irrelevante en todos los sentidos. El argumento base puede reducirse así: el conductor estrella de un programa de televisión sobre inversiones y movimientos en la bolsa, es tomado de rehén, cuando un espectador furioso ingresa al canal con un arma y un chaleco repleto de explosivos, y pide que no se apaguen las cámaras o lo matará.


Lee Gates (George Clooney), es un showman. Un conductor excéntrico y carismático, que se encarga de “alentar” a sus espectadores a que inviertan su dinero en tal o cual cosa, con la perspectiva de tener un buen rédito económico; cosa que no ha pasado con Kyle Budwell (Jack O’Connell), quien puso los ahorros de toda su vida en una opción que, según Lee había asegurado, era una cosa segura, y sin embargo se desplomó de la noche a la mañana, dejando a Kyle sin nada. La necesidad de transmitir aquello en vivo, ha dejado como rehén indirecta a Patty Fenn (Julia Roberts), la productora del programa, y será ella quien intentará guiar a Lee por el camino dialéctico que debería mantenerlo con vida.

 SPOILER ALERT 

La película es previsible y el único aspecto que podríamos considerar redimible es la claustrofóbica tensión que se consigue, al llevar la acción de la mayor parte de la cinta al estudio desde donde se transmite el show. Los giros de guion se ven venir a leguas, sobre todo en el segundo acto en donde, pasado el susto inicial, Lee será asistido por su productora y reproducirá exactamente lo que ella le aconseja decir para calmar al atacante. Luego, lentamente ahondarán en el problema central del metraje, que es el de Kyle, e intentarán encontrar la explicación de porqué 800 millones de dólares desaparecieron de la noche a la mañana, supuestamente a raíz del fallo en un algoritmo informático, en la compañía en la que el hombre había invertido y que luego, obviamente descubriremos, no fue así. También se tocarán algunos otros pequeños conflictos a lo largo de la cinta, como la relación entre Lee y su productora, quien estaba dispuesta a dejarlo para ir a trabajar a otra cadena, así como la relación entre Kyle y su mujer, que lo desprecia y considera un inútil. Estos dos argumentos secundarios, sin embargo, no serán explotados por la historia.

Y qué decir del final, cuando salen del estudio. Si la película sostenía su única razón de ser en el clima construido por el encierro en el canal, cuando salen a la calle a buscar el desenlace de la trama todo se vuelve irreal y hasta grotesco, perdiendo el rumbo por completo. Víctima y victimario habrán establecido un inverosímil vínculo entre ellos, que provocará, en una de las últimas escenas, un acartonado primer plano de George Clooney sufriendo por la suerte del criminal.

FIN SPOILER


En definitiva, Money Monster me dio la impresión de ser la típica película que deben filmar solo por cuestiones de agenda y compromiso. Poco desarrollada, con un buen conjunto de actores desperdiciados y sin transmitir más que una historia chata, previsible y poco interesante.

Green Room

3-stars-transparente

Una banda de punk rock que recorre los Estados Unidos en una van y sobrevive conforme consigue fechas y bares en donde tocar, termina dando un show en un oscuro bar del interior del país que sirve de lugar de reunión para un grupo de neo nazis norteamericanos: los famosos “white supremacist”. Una vez allí, una desafortunada coincidencia, hará que sean testigos de un asesinato, lo cual terminará por dejarlos atrapados en una de las habitaciones del lugar. A partir de allí, deberán luchar para sobrevivir y escapar.

maxresdefault

Green Room es una película oscura en términos narrativos y visuales, lo cual demuestra una solvente coherencia. La composición de los planos es muy cuidada y hay una deliberada intención de no dejar nada librado al azar, que salta a la vista en cuanto la banda queda encerrada en la habitación. Antes de dar el show, cuando llegan al lugar, todavía queda algo de luz de día, sin embargo, en cuanto queden atrapados, ya muy rara vez volveremos a ver tonos cálidos en pantalla. Aquel detalle será vital para transmitir la asfixia y el pánico de la situación de la que son víctimas.

Los problemas del metraje, sin embargo, están en un guión que es irregular. Una gran primera hora logrará que nos interesemos por los personajes, lo cual automáticamente implicará que esperaremos una solución satisfactoria, si no para nosotros, al menos para la historia. Hay una introducción interesante de los miembros de la banda en un reportaje que un seguidor les hace y que, aparentemente, saldrá al aire en una estación de radio local. “Nombra la banda que te llevarías a una isla desierta”, les pregunta el pseudo-reportero cerca del comienzo. Sus respuestas nos permitirán reconocerlos: el líder, el reaccionario, el pretencioso, el artista, el soñador. Luego seremos testigos de cómo estas personalidades reaccionen al ser sometidas a la presión de una situación límite. También conoceremos al jefe de los malos: Darcy, representado por Patrick Stewart que hace un buen trabajo encarnando al líder            de lo que el mismo denomina “un movimiento, no un partido”. Darcy es el típico mandamás de una banda de criminales: temerario, frío, inteligente y calculador, no tiene problemas en matar a uno de los suyos solos para probar un punto. Es el único personaje de la película al que todos temen por igual. En un papel que, entonces, es bastante utilizado en el cine en general, Stewart sabe darle su toque distintivo.

maxresdefault

Hasta ahí, la película tendrá una buena curva narrativa y, desde el disparo del primer plot (cuando quedan encerrados), hasta la mitad del segundo acto, el suspenso y la tensión la harán sumamente disfrutable. Es a partir de allí que el guion se vuelve reiterativo y comienza a caer en los mismos recursos una y otra vez, pretendiendo que el suspenso se mantenga hasta el desenlace usando siempre la misma fórmula. Toda esa delicada construcción de personaje que la introducción entrega para cada uno de los músicos, servirá de poco a la hora de resolver el conflicto principal de la película, ya que sus destinos poco tendrán que ver con el “setting” inicial y, en algunos casos, hasta parecerán bastante aleatorios, cosa que, si no somos muy puristas, podríamos llegar a entender como verosímil. La pregunta es si aquella azarosa forma de cerrar el círculo de cada personaje, termina por funcionar narrativamente, cosa que desde mi punto de vista no sucede, pero que es bastante debatible.

Lo mismo pasa con todo el misterio que se desenvuelve alrededor de los sanguinarios y retorcidos participantes de aquel culto neonazi. Son muchos (y buenos) los interrogantes que la película propone en un comienzo y que, además, forman parte de una de las principales fuentes de tensión que atrapa al espectador en el comienzo: la sensación de que hay algo más importante que ellos llevándose a cabo en el lugar. Todo el interés que aquel sórdido movimiento representa, cae sobre el final cuando entendemos que la mayoría de las preguntas abiertas no serán respondidas.

¿Podrá entenderse este contexto como un reflejo de la Norteamérica de Trump? Quizás sea caer en el facilismo, pero es fácil ver porque la película gustó tanto ahí.

greenroom-1

Green Room es, en resumen, un thriller interesante, con una gran propuesta inicial que no logra sostener a lo largo de la hora y media de metraje, pero que, aun así, posee aspectos redimibles como para que su visionado valga la pena.

Nocturnal Animals

4-5-stars-transparente

Lo justo sería empezar esta review por el principio, diciendo que Animales Nocturnos, la segunda película de Tom Ford es, sin ninguna duda, una de las mejores películas del 2016. Quiero decir, de las mejores 3, como mínimo. Es magnífica.

Ya en los créditos iniciales entenderemos que estamos en presencia de algo diferente cuando un grupo de mujeres mórbidamente obesas bailen desnudas por largos minutos (obviamente en slow motion), en un espectáculo que, usualmente, elegiríamos no ver. He leído mucho sobre las reacciones a este opening, con calificativos que van desde lo grotesco hasta lo lastimoso. Son estas las reacciones que el director busca: funcionan a modo de advertencia de lo que viene.

43530220161113100500

Lo cierto es que este show de mujeres danzando, descubriremos luego, forma parte del trabajo artístico que Susan (Amy Adams) está exhibiendo en la galería de la cual es dueña, en Los Ángeles. En esos primeros minutos, conoceremos a Susan, de una belleza avasalladora. Extravagante pero gentil. Sutil y atormentada, con una expresión constante de ligera angustia en el rostro, sensación que rápidamente podríamos reducir a infelicidad. Es una mujer independiente que maneja su propio negocio y se produce a sí misma, sin embargo presenta una dependencia emocional para con su marido, el doctor Hutton, que es quién, aparentemente, ha sido capaz de proveerle la vida de lujo y aristocracia que Susan disfruta.

Y la introducción de la cinta es tan precisa y certera, que antes de los primeros diez minutos, el plot principal será disparado: Susan recibirá en su casa un paquete a su nombre con el manuscrito de una novela firmada por Edward Sheffield, su primer marido. ¿Cuál es el nombre de la novela? Sí, Animales Nocturnos.

Como ya lo comenté en Swiss Army Man, Chejov elaboró la teoría de los dos cuentos, para definir conceptualmente cuando una historia funciona y cuando no: la historia evidente y la historia oculta que, sobre el final, será develada, pero de la cual tendremos pistas sucesivas y planificadas a lo largo de la historia evidente. En este caso, Ford entiende a la perfección como conseguir que su narración funcione, presentándonos la punta de un ovillo que, muy prolijamente, desatará en el transcurso de las casi dos horas de metraje. Pero será tan fluido e imperceptible, que casi no podremos notar los vaivenes —necesarios, por otra parte—, que el guion tiene.

screen_shot_2016_11_23_at_3-41-58_pm

Aquel manuscrito que Susan recibe, todavía no lo sabemos, pero significará un profundo viaje para ella y para el espectador. Tan pronto como comienza a leer, una segunda línea narrativa aparece y, paralelamente, nos contará la historia de Tony Hastings, un hombre magníficamente interpretado por Jake Gyllenhaal, que está manejando por una desolada ruta del desierto de Texas con su mujer y su hija, cuando otro auto comienza a acosarlos. Como podíamos presumir, en este segundo auto hay una banda de cuatro hombres liderada por Ray (Aaron Taylor-Johnson), que es la típica banda de criminales que disfruta de la impunidad y la desolación de la noche en el desierto, para salir a violar, robar y matar. En lo que dura la persecución, podremos sentir el miedo de Tony y su familia y, en una escena memorable, de un suspenso terrorífico que pone al espectador al borde del asiento, las cosas empeoran de la peor manera posible: una rueda se pincha y Tony se ve obligado a estacionar el auto, quedando a merced de los deleznables criminales que, quién sabe que harán —piensa Tony—con aquellas dos mujeres. Esta secuencia se permite algunas licencias típicas (como la citada rueda que se pincha) porque forman parte del manuscrito ficcional que Edward le ha dedicado a Susan. Es entonces cuando nos encontramos con una tercera secuencia narrativa, esta vez, disparada por ella, en donde Susan y Edward son jóvenes amantes. En otro enorme acierto de Tom Ford, Edward es también interpretado por Jake Gyllenhaal, que vuelve a hacer un excelso trabajo construyendo un personaje totalmente diferente a Tony, y quiero decir, un personaje que se siente totalmente distinto, se palpa. Este tercer hilo narrativo nos mostrará quienes eran Susan y Edward.

 

A partir de aquí, las tres historias individuales entrarán en permanente tensión y nos dejarán entrever muy sutilmente, muy orgánicamente, cual es la relación entre ellas y, sobre todo, como se complementan. Y creo que aquí reside otra de las claves de porque la película funciona de manera armónica, y es que el director eligió tres hilos narrativos para contar una sola historia, no como artilugio mecánico para generar impacto, sino para hacer a los personajes tridimensionales. ¿Cómo, sino, entendemos la vida y las consecuentes relaciones interpersonales? ¿Cómo un flujo secuencial de actos (que es lo que el general del cine contemporáneo propone) o, más bien, como un conjunto de sucesos, palabras, silencios y acciones que se entrelazan entre sí para decir algo de nosotros? Esta es la virtud principal de la película, que la eleva del mero “buen cine de entretenimiento” a la categoría de un objeto artístico. Porque representa de manera material la forma en la que construimos el presente y leemos nuestro pasado. Edward, escritor, no encuentra una forma más adecuada de decirle a Susan en quién se ha convertido, que escribiendo una gran analogía y protagonizándola, porque hay cosas que (Edward entiende), no pueden ser dichas de otra manera más que con símbolos, o activando circuitos emocionales en la mujer.

Susan, por otra parte, impedida de mirarse a sí misma en una casa llena de vidrios y espejos, si bien percibe que algo no está bien, no logra conectar con ella misma hasta tanto la historia ideada por Edward no dispara en ella su sentido de identidad. No se asume equivocada hasta que no lo ve en su propia mente, a través del reflejo de la novela. Es entonces por esto que la película se siente tridimensional, porque funciona de la misma manera en la que, en cierta forma, funciona nuestra propia vida.

 SPOILER ALERT 

Sobre el final, claro, cerrará Edward su venganza en el presente, en una GRAN escena que no será más que vacío y silencio. Una venganza honda y dolorosa que nos hará terminar el visionado con una gran exhalación.

FIN SPOILERS
1470770346_focusfeatures_nocturnalanimals_tomford_amyadams_jakegyllenhaal_gallery_1-1194x797

Tantas palabras después, no he tenido tiempo todavía para referirme a la tremenda potencia visual que Animales Nocturnos tiene. Tom Ford, para los que no lo saben, es un diseñador de moda y creo que con eso ya estoy diciendo todo. La película tiene la estética oscura que tiene que tener, ni más ni menos. Tiene planos cuidados cuando los tiene que tener, y una cámara en mano menos prolija cuando lo necesita.

Animales Nocturnos es, sin dudas, una película imprescindible.