Elle

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Cuesta creer que Paul Verhoeven, el director de Robocop, Total Recall o Starship Troopers, sea capaz de ponerse atrás de la cámara de una película como Elle. Sin embargo, el holandés demuestra gran versatilidad al llevar a la pantalla grande la adaptación de la novela “Oh…”, del parisino Philippe Djian. Esto significa, sin duda, un importante relanzamiento de su carrera que, si tenemos suerte, traerá aparejadas más propuestas como estas.

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Elle llega a su estreno comercial después de cosechar más de cuarenta galardones en su circuito festivalero, además de su nominación a la palma de Oro de Cannes, y una nominación al Oscar por mejor actriz; premios que hablan por sí solos del gran valor de la película. Cabe destacar, además, que en “La Internacional Cinéfila” que todos los años organiza el crítico Roger Koza (en donde críticos, programadores, directores de festivales y cineastas de diversas naciones eligen cinco películas significativas), Elle fue la película que obtuvo más menciones.

Lo que hace única a esta cinta es una combinación de variables que rara vez conviven tan armónicamente: historia, tono e interpretación. Un relato vibrante y sorprendente, (no sólo por los giros inminentes de guion, sino también por la naturaleza de lo que se cuenta y por la monumental construcción del personaje principal), es la piedra basal del metraje, que se completa con un ambiente perverso, retorcido y siniestro, soportado por toda la fuerza dramática de una gran Isabelle Huppert, actriz a quien este tipo de papeles le sienta muy bien. Pienso, por ejemplo, en La pianiste, de Haneke, película que tiene algunos puntos de contacto con Elle.

La premisa básica de la cinta cambia conforme los minutos pasan, sin embargo, podríamos resumir que, en cuanto el relato comienza, escucharemos sobre el fundido negro inicial, sin imágenes de ninguno tipo, el lamento de Michèle, quién, descubriremos en el acto, será violada por un hombre con una máscara negra que ha irrumpido en su casa. Aquella primera secuencia, orgánica y cruda, disparará en Michèle una reacción inesperada: el desdén casi inmediato por lo que acaba de suceder. En las siguientes escenas introductorias, si bien se la notará afligida, la protagonista se encargará de restar importancia al ataque, como se grafica en el tráiler, en aquella escena en el restaurante en donde ella les cuenta a sus amigos sin demasiada introducción, que “cree” que ha sido violada, que no ha denunciado nada y que, al fin y al cabo, no es tan importante.

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Sin embargo, secretamente, Michèle observará a quienes le rodean, e intentará encontrar al culpable del ataque en busca de venganza, mientras, a la vez, sufrirá el acoso del violador que jugará con ella a con mensajes sugerentes en el teléfono y notas en su casa. Con un importante rol en una compañía de videojuegos, ella jamás dejará de ser la mujer independiente y fría que pretende ser, aun a pesar de que su vida haya sido terriblemente alterada.

Además de Michèle, de una complejidad psicológica intensa, aparecerán otros personajes secundarios importantes y no menos perversos, como su amiga, el esposo de su amiga, su hijo cuya infumable pareja está embarazada, sus vecinos y sus compañeros de trabajo. Con cada uno de ellos, ella tendrá algún conflicto que resolver o alguna tensión dramática que atender y, otro de los aciertos del film, es su capacidad por explotar estos caracteres y sacarles el máximo provecho posible, acordes al relato.

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Lo curioso será como, a medida que la cinta avance, el espectador tendrá el lugar para jugar también un papel importante en la historia a punto tal que, es imposible que la misma persona que empezó mirando la película sea la misma que la termine. El arco dramático de los personajes, será también trasladado a la participación moral/intelectual del espectador, lo que representa la saludable ambición de una obra que no se anda con medios tintes. El mismo director dijo en diversos medios, que un guion como este, hubiese sido muy difícil de llevar a la práctica en Hollywood.

Elle es, entonces, una película poco convencional, sumamente controversial, perversa y retorcida, con algunos pasajes de comedia negra y otros de gran dramatismo, con una carga sexual transversal a todo el relato, que vale la pena ser vista no sólo por el excelso trabajo de Isabelle Huppert, sino también porque logra reflejar con nitidez el complejo entramado de fuerzas que pueden regir una vida.

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