Captain Fantastic

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El comienzo de la película es, por lo menos, interesante: una cordial invitación a quedarse. En medio del silencio absoluto, cortado sólo por los sonidos mundanos de la cotidianeidad de un bosque, hay un ciervo  que deambula. De a poco vemos, escondidas en la frondosidad de la vegetación, algunas caras pintadas con barro que hacen clara alusión a las tribus aborígenes que viven en la naturaleza. De repente un joven salta por detrás del ciervo y le corta la garganta con un cuchillo. Luego vemos como el resto sale de su escondite y queda a la espera de lo que decide Ben (Viggo Mortensen): el patriarca y principal autoridad de este grupo de gente que luego descubriremos, es una familia. El hombre se acerca al joven y le da la bienvenida a la adultez: “hoy el niño ha muerto. Ahora hay un hombre”.

Esa es nuestra introducción al particular universo que Matt Ross ha creado para nosotros:  una familia viviendo por fuera de todo sistema o convención social, en medio de la selva. Ben y su mujer, (cuya temprana muerte desatará el conflicto central y moverá la historia adelante) han tomado una decisión con la que gran parte del progresismo norteamericano sueña hace años: renunciar a lo establecido y radicarse en lo profundo de la naturaleza, lejos de los parámetros sociales aceptados. Es con estos valores en mente que deciden llevar también a sus hijos y criarlos ellos mismos, con altísimos estándares formativos y una integral educación holística, incluyendo no sólo el pleno desarrollo intelectual, físico, y moral, sino además abarcando factores artísticos y de supervivencia avanzada. De manera recurrente la película nos hace entender (y esto es algo que voy a ampliar y considero uno de sus puntos más flojos) que los niños están allí porque eligen estar allí y que son libres de cambiar sus propios hábitos o los del propio grupo familiar si, como Ben le dice a uno de sus hijos en algún pasaje del film, tienen la capacidad argumentativa para convencerlos de ello.

Aquí reside el punto más alto de la película: en las preguntas que dispara acerca de la sociedad que construimos. ¿Cómo criamos a nuestros hijos? ¿Cómo deberíamos criarlos? ¿Estamos dispuestos a abandonar toda ambición individual y profesional para avocarnos de lleno a eso? En este sentido, Ben se nos presenta como el padre ideal, que ha dedicado su vida a lo que considera más importante: la educación de sus hijos.

Otro de los elementos más valiosos de Captain Fantastic es la gigante interpretación de Viggo Mortensen. Si bien él tiene de por sí la capacidad de convencer que él realmente es quienquiera sea que esté interpretando como lo ha demostrado en otros papeles (The Road, Jauja, Eastern Promises), en este caso, en un guión que lo deja por momentos muy solo, él sabe hacerse cargo del peso de la pantalla y es a través suyo que encontramos las fisuras y contradicciones así como también, los grandes valores que Ben guarda y con los cuales educa a sus hijos. Se nota que hay un gran trabajo previo a rodaje por parte del actor, un compromiso infalible con Ben, y además, una silenciosa empatía, sin la cual sería imposible encarnarlo con tal sobriedad y maestría, habiendo elaborado desde el tono de voz hasta ticks poco perceptibles.

La propuesta visual es en —prácticamente—, toda la película, muy disfrutable, con un excelente uso de la paleta de colores y con una frescura que, en los últimos tiempos, es difícil de ver. Los planos son cuidados y hay una carga muy balanceada de personajes en pantalla. Si bien peca de una clara influencia de Wes Anderson y algunos elementos iconográficos de otras películas (Little Miss Sunshine, Into the Wild), aun así es una película con una estética personal y elaborada.

SPOILER ALERT

En donde la película, sin embargo, falla una y otra vez, es en su intento por convencer. Pero que no se malinterprete: no en el intento de que el espectador esté o no de acuerdo, sino más bien en el intento por convencer de que aquello que estamos bien es verosímil, y se persigue tan fervientemente esa verosimilitud, que termina intentando esbozar todas las respuestas con mecanismos artificiales. Los ejemplos son varios pero solo voy a dejar algunos: El más evidente es el intento por persuadirnos de que la carencia de los niños es el contacto con el mundo exterior (algo que bien podría, el espectador activo, interpretar por sí mismo). El hijo mayor de Ben, Bo, será el encargado de transmitirnos aquella carencia reiteradas veces hasta desembocar en su punto más álgido, cuando besa a una joven en el camping y después de eso se arrodilla para proponerle matrimonio, largándole un discurso que bien podría haber sido sacado de una obra de Shakespeare. La escena no funciona porque es innecesaria: lo que sucede bien podríamos haberlo presumido, pero el encanto se rompe al verlo estereotipado bajo los parámetros del autor. De hecho, el mismo Bo lo hace todavía más explícito un poco más adelante, cuando le muestra a su padre las cartas de las universidades que lo aceptaron: “Sabemos todo lo que está en los libros, pero aparte de eso, no sabemos nada”. Esta es la literalidad de la cual la película en general no sale: el autor quiere tener control total de su obra, y eso mismo, nos despoja de la hermosa oportunidad que podríamos haber tenido, de llenar las preguntas que la historia dispara, con nuestros propios conflictos o dilemas morales. Por momentos, abusa de la necesidad de explicitar.

El conflicto central, sin embargo, tiene un buen cierre, o algo que bien podríamos llamar satisfactorio, excepto por la extraña decisión que toma Bo de irse a Namibia (en un proceso totalmente ilógico para el personaje que conocimos) siendo que todo el tiempo su conflicto individual había rondado alrededor de la universidad. Más allá de esto, la película nos transporta a, de todos los finales posibles, el más apacible, lo cual no deja de ser coherente con este control total que el escritor quiere tener de sus personajes.

El guion, más allá de lo expuesto, en su conjunto, es bueno. Los personajes son tridimensionales y se sienten reales, los diálogos están bien construidos y los niños, cada uno de ellos, tienen una buena individualidad, algo difícil de conseguir en menores. El elenco de hermanos es también muy acertado y cumple con las expectativas, todos ellos están muy bien en los papeles que cumplen, sobre todo en las pequeñas partes de la historia en donde cada uno está llamado a presentarse de manera particular.

FIN SPOILER

Captain Fantastic es una película interesante por el tema que trata y la forma en que lo aborda, es visualmente hermosa, y entretenida; tiene puntos flojos en un guion que lamentablemente cae en lugares comunes y una intención evidente de cuidarse demasiado de no ser algo que no está pensada para ser, pero tiene también una fantástica interpretación de Viggo Mortensen, un alto contenido moral e intelectual y representa, a la vez, una invitación a reflexionar en el papel que ocupamos en nuestra sociedad, en las decisiones que tomamos, en como criamos a nuestros hijos y en cuales son las nuestras alternativas reales.

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